Del 4 al 8 de mayo, en Santa Cruz de la Sierra (Bolivia) se realizó la 56º Asamblea de la Conferencia de Provinciales de América Latina y el Caribe – CPAL, evento que reunió a los provinciales jesuitas, entre ellos el P. Victor Hugo Miranda SJ, Provincial del Perú.

A continuación compartimos el mensaje final de este encuentro:

Movidos por el deseo de servir al Señor y a su Pueblo, los superiores mayores de la Compañía de Jesús en América Latina y el Caribe nos hemos reunido una vez más como hermanos que disciernen juntos la voluntad de Dios, manifestada en la Palabra, en nuestros corazones y en las entrañas de nuestra historia. Esta 56º Asamblea de la CPAL se llevó a cabo del 4 al 8 de mayo de 2026 en Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, con el apoyo de todo el equipo central, el asesoramiento de coordinadores y coordinadoras apostólicos de diversas redes, la colaboración de los dos asistentes del Padre General para América Latina y el Caribe, y la presencia de los superiores de dos regiones prioritarias de nuestro Plan Apostólico Común: Cuba y la Amazonía. Damos la bienvenida a los provinciales que inician este servicio de liderazgo apostólico en nuestro continente y recordamos, con amistad, a aquellos que participaron en esta Conferencia y ya han asumido nuevas misiones.

En primer lugar, queremos dar gracias al Señor por el don de la vocación y por los jóvenes a quienes sigue llamando a formar parte de este Cuerpo Apostólico al servicio de la Iglesia y del mundo. También agradecemos a nuestros compañeros de la Provincia Boliviana de la Compañía de Jesús por su cálida hospitalidad y por compartir con nosotros el legado de las misiones jesuitas en la Chiquitanía. Por un lado, este nombre – Chiquitos – nos recuerda una verdad fundamental del Evangelio de Jesús: ¡Dios quiso revelar su misterio a los más pequeños (cf. Mt 11,25)! Por otro lado, la belleza arquitectónica, cultural y espiritual de las antiguas misiones nos inspira a seguir sirviendo a la fe que promueve la justicia y la reconciliación, construyendo puentes entre los talentos y valores de personas de todas las naciones, lenguas y culturas.

Durante estos días, nuestras reflexiones, oraciones y celebraciones de la Eucaristía giraron en torno a tres temas principales: el progreso y los desafíos de articular nuestra misión en redes apostólicas; el cuidado de la formación de los jóvenes jesuitas, en vista de esta misión articulada y colaborativa; y algunos aspectos de nuestro modo de proceder apostólico.

En cuanto a la formación de jóvenes jesuitas, se distinguen con mayor claridad dos aspectos clave. Por un lado, hemos avanzado y debemos seguir avanzando en la reestructuración de nuestras casas de formación, no solo por razones pragmáticas, sino principalmente por la necesidad de formar jóvenes abiertos y disponibles a las necesidades de la misión universal de la Compañía. La integración local sigue siendo un valor innegable, pero debe estar siempre orientada hacia la movilidad apostólica que caracteriza nuestro carisma e instituto. Por otro lado, nos complace colaborar, desde nuestros centros de formación, con compañeros de otras asistencias de la Compañía de Jesús. Las culturas de nuestros pueblos, la fe de nuestras comunidades eclesiales y la tradición de nuestra reflexión filosófica y teológica son un don de Dios para la Iglesia y para el mundo, y nos sentimos responsables y comprometidos a ofrecer este don más allá de nuestras provincias y nuestro continente.

Con respeto a nuestro modo de proceder apostólico, analizamos cuatro temas con mayor profundidad. La relación entre superiores locales y directores de obra continúa siendo un tema que nos interpela y exige actualización. La implementación del Programa para una Cultura Consistente de Protección (PCCP) ya ha dado pasos importantes, pero aún necesitamos pasar de una fase de sensibilización a otra de procesos formativos y creación de estructuras más consistentes. La sostenibilidad de nuestra misión también fue un punto importante de reflexión, basado en las iniciativas de la Red Claver, que reúne, fomenta y coordina el trabajo de las oficinas de desarrollo de nuestras provincias. Finalmente, el tema de la solidaridad financiera en relación con la formación y la salud de los jesuitas en diversos países también nos impulsó a avanzar hacia la corresponsabilidad fraterna, más allá de las fronteras provinciales.

Con el corazón consolado, encomendamos a todos ustedes, compañeros jesuitas y demás compañeros y compañeras en la misión, a la intercesión y al cuidado de María, Madre de Nuestro Señor, celebrada en Santa Cruz con el título de Nuestra Señora de Cotoca, a quién visitamos en su santuario. Que ella siempre nos mantenga cerca de su Hijo Jesús, pobre y humilde, para que seamos fieles colaboradores en su Reino de fraternidad, justicia y paz.

(Con información de la CPAL