La semana pasada, el hermano jesuita Guy Consolmagno recibió la medalla Carlo Sagan, uno de los más prestigiosos galardones de la astronomía en el 46th encuentro anual de la American Astronomical Society’s Division of Planetary Scientists en Tucson, Arizona.

Este reconocimiento se creó en conmemoración del astrónomo Carl Sagan cuya serie de TV “Cosmos”, motivó a las personas un especial interés por la ciencia y los viajes espaciales.  Esta medalla “reconoce y honra la comunicación significativa de un astrónomo al público general, y se otorga a científicos cuyos esfuerzos hayan contribuido significativamente a una comprensión general de la astronomía y al entusiasmo por ella”.

Al anunciar el galardón, la American Astronomical Society dijo que el hermano Consolmagno “ocupa una posición privilegiada en su profesión como portavoz creíble de honradez científica en el contexto de las creencias religiosas”.

Consolmagno es uno de los doce astrónomos del Observatorio Astronómico Vaticano. Durante dos décadas fue supervisor de la exclusiva colección de meteoritos del Vaticano.  Ha sido conferenciante en todo el mundo, y es uno de los cuatro jesuitas de la historia en haber dado nombre a un asteriode, —4597 Consolmagno, también conocido por los científicos como “Little Guy.”

Además, es autor y coautor de varias obras, incluyendo la más reciente, “¿Bautizarías a un extraterrestre?” así como “Turn Left at Orion: Hundreds of Night Sky Objects to See in a Home Telescope—And How to Find Them,” “God’s Mechanics: How Scientists and Engineers Make Sense of Religion,” “The Heavens Proclaim: Astronomy and the Vatican,” y “Brother Astronomer: Adventures of a Vatican Scientist.”

Sobre la primera obra, Consolmagno plantea la siguiente interrogante: “Si te encontraras con un extraterrestre del espacio exterior, ¿le invitarías a las catequesis y le bautizarías en la Vigilia de Pascua?”. Este libro, que lo escribió en colaboración con el padre Paul Meuller, SJ, habla sobre una cuestión, a la vez seria y simpática, de estos astrónomos del equipo de la Specola Vaticana, y revela cómo la ciencia y la fe miran a los mismos asuntos desde perspectivas diferentes pero complementarias.