Durante 15 años, Encuentros – Servicio Jesuita a Migrantes ha acompañado a personas migrantes y refugiadas en el Perú, promoviendo la protección y defensa de sus derechos. Este camino, sostenido bajo el liderazgo y compromiso de Analí Briceño, da paso hoy a una nueva etapa para la obra con la designación de Ítalo Zevallos como nuevo director nacional.

Es abogado con experiencia en gestión pública, movilidad humana, protección de personas migrantes y refugiadas, gestión de proyectos sociales y defensa de derechos. Ha trabajado durante varios años en Encuentros SJM, donde ha participado en procesos de protección y brindado asesoría jurídica a personas migrantes y refugiadas.

Conversamos con él sobre los retos de asumir la dirección de esta obra jesuita, los aprendizajes que le han dejado estos años de trabajo y los desafíos que enfrenta la organización en un contexto marcado por nuevas dinámicas de movilidad humana.

Después de varios años de trabajo en Encuentros SJM, asume ahora su Dirección Nacional. ¿Qué representa para usted esta nueva responsabilidad?

Es, sobre todo, una responsabilidad y una oportunidad de servicio. Llevo varios años trabajando en Encuentros y he podido conocer la obra desde distintos espacios: atendiendo directamente a personas migrantes y refugiadas, trabajando con los equipos, reuniéndome con los socios y en las distintas oficinas del país.

Dirigir una obra como Encuentros implica no perder nunca de vista la mirada que tenemos: servir a las personas que acompañamos.

¿Cómo llegó a Encuentros y qué experiencias han marcado más su manera de entender la movilidad humana?

Llegué a Encuentros desde mi formación y experiencia en el ámbito jurídico.

Lo que más ha marcado mi manera de entender la movilidad humana es haber comprobado que las personas no pueden reducirse a la categoría de migrantes o refugiadas. Son personas que también cuentan con capacidades, proyectos, familias y mucho que aportar a las comunidades.

Nuestra tarea no es solo responder a sus necesidades, sino también contribuir a que puedan ejercer plenamente sus derechos y desarrollar sus proyectos de vida en el Perú.

Encuentros SJM acaba de cumplir 15 años. ¿Qué es lo que más valora de estos años y qué considera que necesita renovarse?

Lo que más valoro de estos 15 años es la capacidad que ha tenido Encuentros para estar cerca de las personas y adaptarse a una realidad migratoria que ha cambiado mucho. Encuentros nació en un contexto distinto al actual y, sin embargo, ha sabido crecer y responder a nuevas necesidades.

Necesitamos seguir fortaleciendo nuestra gestión, nuestros equipos, nuestra capacidad de generar evidencia y nuestra articulación con otras organizaciones y con otras obras de la Compañía de Jesús. Renovarse no significa necesariamente perder nuestra identidad. Al contrario, creo que implica encontrar nuevas formas de mantenernos fieles a la misión que ha guiado a Encuentros durante 15 años.

En los últimos años hemos visto discursos que vinculan migración e inseguridad. ¿Cómo puede Encuentros SJM contribuir a cambiar dichas narrativas sin desconocer las preocupaciones que existen en la sociedad?

Lo primero es reconocer que las preocupaciones por la inseguridad son reales. Las personas tienen derecho a vivir en comunidades seguras y el Estado tiene la obligación de garantizar esa seguridad. Lo que debemos cuestionar es que la nacionalidad o la condición migratoria de una persona se convierta automáticamente en una explicación de la criminalidad.

Encuentros puede contribuir poniendo rostros y experiencias detrás de las cifras. Tenemos contacto cotidiano con personas que trabajan, estudian, emprenden, forman familias y contribuyen a sus comunidades. Esa realidad también tiene que ser visible.

La Provincia ha anunciado la integración de Encuentros SJM a la misión global del Servicio Jesuita a Refugiados. ¿Qué significa concretamente este paso para la obra en el Perú?

Significa una oportunidad para fortalecer nuestra misión y ampliar nuestra capacidad de respuesta. Al integrarnos a la misión global del Servicio Jesuita a Refugiados, podemos conectar nuestra experiencia con una red internacional que cuenta con una larga trayectoria.

También nos permite mirar la movilidad humana desde una perspectiva más amplia. Los desplazamientos no terminan en las fronteras nacionales. Las personas se movilizan entre distintos países, las rutas cambian y las causas del desplazamiento suelen tener dimensiones regionales o globales. Por eso, nuestras respuestas también deben estar conectadas.

En definitiva, es una oportunidad para que Encuentros siga creciendo sin perder aquello que siempre ha sido central: estar cerca de las personas que acompañamos en la construcción de una vida digna.