¿Cómo hablar de Dios desde el sufrimiento de las víctimas sobrevivientes de abuso en contextos eclesiales? Esta pregunta atravesó la conferencia «La irrupción del Dios reparador: notas para una teología en tiempos de heridas a través de la escucha de las víctimas», realizada en la Universidad Antonio Ruiz de Montoya (UARM) con motivo del quinto aniversario del Instituto de Protección al Menor y Personas Vulnerables (IPMEP).

La reflexión estuvo a cargo del sacerdote jesuita y teólogo chileno Carlos Álvarez SJ, académico de la Pontificia Universidad Católica de Chile y la Universidad Alberto Hurtado. Su participación permitió colocar en el centro una de las preguntas que ha acompañado el trabajo del Instituto durante estos cinco años: ¿qué significa reparar cuando el abuso no solo produce heridas personales, sino que también revela problemas en las estructuras, relaciones de poder y discursos de la propia Iglesia?

Cinco años construyendo espacios de protección

El IPMEP fue lanzado oficialmente en junio de 2021 como el primer instituto en Latinoamérica de estas características. Desde entonces, ha desarrollado talleres, charlas, investigaciones y procesos de acompañamiento orientados a prevenir el abuso y generar espacios seguros para niños, niñas, adolescentes y personas vulnerables dentro y fuera de contextos eclesiales.

Durante la jornada, su directora, Dafne Zapata, hizo un balance de estos primeros cinco años: más de 70 talleres y charlas, 2,300 personas capacitadas, presencia en diez países y once regiones del Perú, además de publicaciones e investigaciones sobre violencia, prevención y reparación. Entre estas últimas se encuentra un proyecto desarrollado con comunidades Awajún y Wampis en Amazonas para construir una metodología de prevención culturalmente pertinente.

Zapata destacó además que la protección no debería ser entendida como un elemento adicional dentro de la misión de la Iglesia, sino como parte central de ella. Esta preocupación dio paso a la conferencia del P. Álvarez y a una reflexión sobre aquello que la crisis de abusos exige también a la teología.

Repensar a Dios desde la experiencia de las víctimas

Para el jesuita chileno, la crisis de abusos en contextos eclesiales no solo exige revisar protocolos, responsabilidades o estructuras institucionales. También obliga a preguntarse qué teología y qué imagen de Dios se han transmitido dentro de la Iglesia a lo largo del tiempo.

«No podemos seguir pensando la teología de la misma manera después de esta crisis», sostuvo. Los testimonios de víctimas de abuso sexual y de poder, explicó, interpelan la manera en que la Iglesia comprende a Dios, la autoridad y el sacerdocio, y obligan a preguntarse qué estructuras pudieron facilitar estos hechos.

Uno de los principales ejes de su exposición fue la dimensión sistémica del abuso. Habló del clericalismo, la concentración del poder y una concepción excesivamente sacralizada del sacerdote como factores que pueden generar una autoridad difícil de cuestionar.

Frente a ello, propuso recuperar otra manera de comprender la autoridad: no como capacidad de dominar, sino de “hacer crecer”, dar espacio a los demás y permitir que otras voces puedan emerger. También señaló la necesidad de revisar lenguajes teológicos patriarcales y dispositivos espirituales que pueden convertirse en mecanismos de control de la conciencia.

Esta revisión alcanza incluso la manera de entender el poder de Dios. El académico cuestionó una noción de omnipotencia asociada únicamente a un poder ilimitado y propuso, en cambio, pensar en un Dios capaz de poner límites a su propio poder para dar espacio al otro. Desde esta lectura, el poder divino se manifiesta en la entrega, la Cruz, el amor y la misericordia.

Reparar a las personas y transformar las estructuras

Durante el diálogo posterior, la directora del IPMEP planteó una dificultad fundamental: ¿cómo escuchar a las víctimas cuando el propio abuso les ha quitado la palabra y cuando la Iglesia no siempre está preparada para recibirla?

El invitado reconoció que transformar estas estructuras implica enfrentar resistencias dentro de las propias instituciones. Sin embargo, insistió en que la reparación no puede limitarse al acompañamiento individual.

«No hay reparación personal completa si no aseguramos institucionalmente que estos hechos no vuelvan a ocurrir», sostuvo. Para ello, consideró necesarios procesos institucionales de reparación y mecanismos de denuncia que ofrezcan mayores garantías a las víctimas.

Las preguntas del público llevaron la conversación hacia los límites de la reconciliación y los distintos tiempos que atraviesa un proceso de reparación. El jesuita reconoció que existe una dimensión irreparable en el abuso, particularmente en el daño producido sobre la confianza, y recordó que cada proceso es distinto.

También dejó una frase que resume una de las tensiones que continúan desafiando a las instituciones: «el tiempo de la víctima nunca es el tiempo de la institución». Mientras los cambios estructurales pueden avanzar lentamente, sostuvo, las comunidades tienen una responsabilidad inmediata: acompañar, escuchar y proteger activamente a quienes han sufrido violencia.

Dafne Zapata, directora del IPMEP; Carlos Álvarez, teólogo chileno; y, Sandra Pinasco, vicerrectora de Investigación de la UARM