De rodillas y pidiendo perdón por los graves errores cometidos por un «grupo que deshonró a la Iglesia». Con estas palabras, el Cardenal Carlos Castillo, Arzobispo de Lima, acompañado del Cardenal Pedro SJ Barreto, Monseñor Jordi Bertomeu, emisario del Vaticano y comisario pontificio para el proceso de disolución del Sodalicio; Mons. Alfredo Vizcarra SJ, Arzobispo de Trujillo; Mons. Luciano Maza Huamán, Arzobispo de Piura y Mons. Cristobal Mejía, obispo de Chulucanas, celebraron una emotiva misa en solidaridad con las familias de la comunidad campesina San Juan Bautista de Catacaos.

El arzobispo de Lima expresó que la Iglesia no sólo está llamada a pedir perdón, sino a restituir el daño ocasionado y promover un proceso de regeneración de la vida humana, escuchando el clamor de justicia de los pueblos olvidados.

La Eucaristía celebrada en la Parroquia San Juan Bautista, en el corazón de Catacaos, ha sido una liturgia atravesada por la memoria, el dolor de las víctimas de los comuneros y un sincero pedido de perdón por parte de los obispos peruanos. Es la primera vez que dos cardenales y un comisario pontificio llegan a Catacaos para escuchar a las familias afectadas y rezar por la memoria de sus muertos.

«Venimos solidariamente no solamente a pedirles perdón a nombre de la Iglesia, sino también a comprometernos a renovar la Iglesia, siguiendo el camino propuesto por Francisco y León XIV para que tengamos un signo auténtico de esperanza para la humanidad», fueron las primeras palabras del Cardenal Castillo que, evidentemente emocionado, se dirigió a las víctimas de la comunidad campesina para «clamar justicia y no olvidar lo que ocurrió».

El Primado del Perú sostuvo que el Señor quiere «resucitar a nuestro pueblo del dolor», recomponiendo todo daño y mal que se ha hecho. Y añadió: «el Papa León XIV ha tenido la maravilla de decirnos que la paz es duradera si se construye con diálogo y el reconocimiento de las personas».

Iniciar un proceso de reparación

La celebración, realizada en vísperas de Pentecostés, estuvo marcada por la imagen del Espíritu Santo como fuerza que transforma el dolor humano en una misión de esperanza: «Han pasado más de 15 años de la terrible experiencia que ustedes vivieron y no debemos olvidar, pero necesitamos saber recordar para corregir, sobre todo, corregir a personas que se creen dioses».

En otro momento, el Cardenal Castillo habló del «deber de restitución infinita», retomando el pensamiento de Bartolomé de las Casas: «Quien destruye, quien mata, quien expropia lo que no es suyo, tiene deber de restitución infinita», reiteró. Este proceso – insistió el prelado – no puede reducirse a aspectos legales o formales: «Moralmente, éticamente, cristianamente, todavía tienen que pagar, y solo se paga restituyendo y recuperando».

El arzobispo limeño explicó que el proyecto del Papa León XIV de una paz desarmada y desarmante es muy difícil «porque muchas veces implica el martirio, pero tenemos la seguridad de que es el único camino que queda para pacificar el mundo y haya justicia». El purpurado exhortó a colocar en el centro nuestra atención a la vida, a los problemas, a la solución comunitaria de las cosas. «Pensemos juntos cómo vamos a unir a todo el pueblo para controlar, desde la base de la sociedad, el proceso pacífico de la regeneración en vista de la justicia», agregó.

Por su parte, Monseñor Jordi Bertomeu se dirigió a los comuneros de Catacaos para pedir perdón a nombre de la Iglesia: «El Señor ha querido que estemos aquí, en la vigilia de Pentecostés, para recordar que estamos hechos para vivir con Jesús Resucitado, que restaura las relaciones y se presenta ante una comunidad de apóstoles rota y con miedo para traernos su paz», manifestó Monseñor Bertomeu.

La Santa Misa celebrada en la Parroquia San Juan Bautista, en Catacaos, contó con la presencia del arzobispo de Piura, Luciano Maza Huamán; el arzobispo de Trujillo, Alfredo Vizcarra; y el obispo de Chulucanas, Cristobal Mejía.

(Con información del Arzobispado de Lima